Las Enzimas

 

Las enzimas son moléculas proteicas complejas muy especializadas, elaboradas por las células a partir de aminoácidos simples, que tienen una función catalizadora de las reacciones químicas que se producen en los seres vivos.

 Función catalizadora significa que enciende y acelera la reacción que tiene lugar en los tejidos vivos, disminuyendo el nivel de la «energía de activación» propia de la reacción. Se entiende por «energía de activación» el valor de la energía que es necesario aplicar (en forma de calor, electricidad o radiación) para que dos moléculas colisionen y se produzca una reacción química entre ellas. En unos segundos se pueden catalizar secuencias de reacciones muy complejas que en un laboratorio químico podrían tardar días, semanas o meses de trabajo.



La enzima es la cerilla, la chispa que permite que se encienda el fuego, que sería la reacción química. Si falta la enzima no se produce la reacción, el fuego.

 En los organismos vivos, las reacciones catalizadas enzimáticamente tienen lugar con un rendimiento del 100%, y no hay generación de subproductos.
 Por este motivo, se pueden llevar a cabo de forma simultánea muchas reacciones individuales diferentes.

La velocidad de las reacciones enzimáticas dependen de la concentración de la enzima, de la concentración del sustrato (hasta un límite), y de la temperatura y el PH del medio. En algunos casos una enzima puede transformar un millón de veces su peso de otra sustancia: el sustrato.



Cada reacción bioquímica necesita de su enzima específica. Cada enzima reacciona con un sustrato específico y recibe el nombre de este sustrato en el que transforma, con la terminación «asa» (antiguamente terminaba en «ina» como pepsina). Por ejemplo, la enzima que transforma la lactosa en glucosa y galactosa se llama lactasa.

 La especificidad de las interacciones moleculares en las células es el resultado de la complementariedad estructural de las células interactivas. Durante el ciclo catalítico, las moléculas enzimáticas se combinan con sus sustratos de tal manera que el centro activo de la molécula de la enzima se adapta al sustrato con una complementariedad casi perfecta, como la de una llave y su cerradura.

Cada enzima (cerradura) sólo puede unirse (encajar) con su correspondiente sustrato (llave).


Las enzimas son la verdadera fuerza de trabajo en los elementos vivientes y sólo se pueden crear a partir de material orgánico viviente.

El Dr. Gabriel Cousens en su libro «Alimentación consciente» dice:

«A nivel físico, todo nuestro proceso vital depende del funcionamiento de las enzimas. Ellas son los agentes físicos de la vida, son importantes para la digestión, para la desintoxicación de la polución interna y la polución externa. Son importantes para reparar el ADN, para mantener nuestros sistemas inmunológicos y para todos nuestros procesos metabólicos y regenerativos. Se estima que hay de 75.000 a 100.000 sistemas diferentes de enzimas en el cuerpo.

El Dr. Edward Howell, el pionero del trabajo de las enzimas de los alimentos dice que la calidad de las enzimas que tenemos en nuestros sistemas es el equivalente a lo que llamamos energía vital o vitalidad y piensa que nuestro nivel de enzimas es un indicador de nuestro nivel de salud.

 

Las enzimas son vida, son la vibración de la vida que está en todas las sustancias.  

Todas las sustancias pueden realizar su función gracias a las enzimas. Todos los tejidos, órganos, células… de nuestro cuerpo trabajan gracias al metabolismo de las enzimas. Sin enzimas, no hay vida.

En biología, las enzimas se clasifican en 6 grupos según el proceso catalizador. En el grupo de las hidrolasas, encontramos:

  • Enzimas digestivas
  • Enzimas de los alimentos
  • Enzimas metabólicas

 

  • las metabólicas, que son las enzimas creadas en todas las células para desarrollar sus funciones, transformando los nutrientes que llegan a través de la sangre en otras sustancias, como el ácido oxalacético o el pirúvico que forman parte del metabolismo celular. Éstas mismas enzimas intracelulares son las responsables de los procesos de degradación de la propia célula para obtener nutrientes elementales, esto puede ocurrir cuando la célula no tiene un aporte de alimento, por ejemplo en procesos de ayuno o cuando la célula no puede utilizar los nutrientes de la sangre, como puede pasar en el caso de la diabetes. Se ocupan de las funciones vitales, los movimientos, los cambios del cuerpo y funciones orgánicas y corporales. Producen la energía, la VIDA. Además de las funciones vitales, estas pequeñas joyas catalizadoras, reparan cualquier daño de nuestro cuerpo causado por lesiones, estrés, mala alimentación, malos hábitos de vida, contaminación ambiental y el envejecimiento. Así que, tal y como está ahora el mundo, las enzimas son oro. Y, desgraciadamente, no tenemos un suministro infinito de enzimas metabólicos y cuando se acaba nuestra reserva, termina nuestra vida. 

 

  • las digestivas que ayudan a digerir los alimentos junto con las enzimas que contienen los alimentos. Por ejemplo, enzimas como las amilasas y las proteasas degradan moléculas grandes (almidón o proteínas, respectivamente) en otras más pequeñas, de manera que puedan ser absorbidas en el intestino. Las moléculas de almidón, por ejemplo, que son demasiado grandes para ser absorbidas, son degradadas por diversos enzimas en moléculas más pequeñas como la maltosa, y finalmente a glucosa, que si que puede ser absorbida a través de las células de la intestino.

  • las de los alimentos, que son necesarias para desencadenar la reacción enzimática de las digestivas y que se deterioran a partir de los 43ºC. Por tanto, sólo las encontraremos los alimentos crudos y sin cocer.

Es muy importante y necesario masticar e insalivar correctamente los alimentos para extraer y poder utilizar y predigerir los alimentos gracias a las enzimas que aportan.

 

Cada tipo de enzima trabaja en unas condiciones concretas de acidez. Cuando las condiciones no se dan y/o no hay una cantidad suficiente de enzimas, éstas no pueden actuar, por tanto no se producen los procesos digestivos correctamente porque fallan las reacciones químicas y los alimentos quedan parcialmente digeridos. Los restos no digeridos se fermentan y pudren en el intestino, en este caso son las bacterias intestinales los que descomponen los alimentos con un gasto alto de energía, liberando gases y toxinas que pasarán a la sangre sobrecargando los sistemas de eliminación de los tóxicos. 

En cuanto a las enzimas digestivas, que se inician gracias a las enzimas metabólicos, tenemos que los produce nuestro propio cuerpo y también obtenemos enzimas de los alimentos que ingerimos. La perfecta y maravillosa naturaleza ha creado tantos diferentes tipos de enzimas como tipo de alimentos hay. Cada alimento contiene exactamente el tipo de enzima que necesitamos para digerirlo. Increíble, ¿verdad? Pues, he aquí el punto clave:

Cuando tomamos cualquier tipo de enzima a través de los alimentos crudos, estamos conservando nuestro almacén de enzimas metabólicos, ya que los estamos guardando en lugar de convertirlos en enzimas digestivas. A partir de 40-45ºC las enzimas cambian su estructura química y mueren, por lo tanto, si comemos alimentos intactos, crudos, que contienen todas las enzimas, nuestro organismo no tendrá que hacer un exceso de trabajo para producir las enzimas necesarias para digerir este alimento. Pero si cocinamos el alimento, además de 40-45ºC, estamos destruyendo estas enzimas, gastando enzimas metabólicos y desgastando innecesariamente nuestro organismo. Pese a que los alimentos crudos conservan las enzimas naturales, es bueno recordar que al cabo de una hora de la cosecha del alimento, un gran porcentaje de las enzimas se pierden. Así que, en cuanto más fresco, más enzimas.

Una dieta rica en enzimas aumenta la vitalidad y retrasa el proceso de envejecimiento. Incluso ayuda a reparar el ADN y el ARN.

 

Nuestra población enzimática

Cuando somos jóvenes tenemos un buen patrimonio natural de concentración de enzimas en todas nuestras células y bacterias del tracto gastrointestinal. A medida que envejecemos, va aumentando la demanda de enzimas, debido a los alimentos cocidos que ingerimos, los microbios patógenos, los virus y los productos químicos, lo que conduce al agotamiento de nuestra población enzimática. Una persona de 70 años, tiene alrededor de la mitad de las enzimas de un joven de 20 años. Las células de las personas mayores han perdido más del 90% de la concentración de las enzimas que se encuentran en los bebés. El envejecimiento es el agotamiento de la enzima.

El páncreas, que produce nuestros enzimas digestivas, se vuelve menos eficiente a medida que envejecemos debido a la escasa disponibilidad de estos. Esto significa que la indigestión y la disminución de la absorción de nutrientes de los alimentos se puede mejorar comiendo una dieta equilibrada y que la falta de las enzimas para extraer los nutrientes de los alimentos, da lugar a deficiencias nutricionales. Más que cualquier otra causa bioquímica, esta deficiencia se convierte en un aumento de peso. Las personas obesas suelen estar extremadamente desnutridas. La falta de enzimas y la obesidad van de la mano en la regulación del peso. Por otra parte, este desequilibrio provoca el envejecimiento prematuro y la vulnerabilidad a la mayoría de enfermedades.

 

Si quieres vida, come alimentos vivos.

 

Un abrazo,

Eva Roca
Salud y nutrición integrativa
Naturopatía
Profesora de Yoga

CRUDIVEGÀNIA
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